Toser en una noche fría es expulsar vaho por la boca como una chimenea. Nadie puede imaginar lo fácil que es recorrer largas distancias cuando no dependes de nadie, ni de nada, te asomas al final del recorrido y ves más recorrido porque ese, es el final y pensar que es otro el que te espera es engañarse ingenuamente. Por eso, cuando avanzas, lo haces sin ansiedad, sabiendo que no llegas a ningún lado, sin prisa por llegar porque nunca se llega a ninguna parte como final, si no como principio de cada nuevo recorrido. Así que, piensas que esto no terminará nunca, ni el km un millón trescientos venticinco mil cuatrocientos setenta y dos. Me doy cuenta que en mi mano llevo una bandera azul con un círculo rojo en el centro, no hay viento pero se agita con el movimiento de mi cuerpo sobre el asfalto. Cada cierto tiempo la levanto como si quisiera acercarla a las estrellas y removerlas de lugar, sin embargo cuando soy consciente del trapo con palo que llevo en mi mano durante estos últimos kms, me doy cuenta de que sólo me ha producido ampollas en la palma de la mano, es hora, pienso, de abandonarla en un lugar seguro, quién sabe si volveré a pasar por aquí algún día, de pronto, a unos metros, veo un viejo marino con una linterna al borde de la carretera. Cuando me acerco sube la intensidad de la luz y me deslumbra apuntándome a la cara. Me adelanto a sus inquietudes y le digo que soy viajero caminante con bandera azul y círculo rojo en el centro. Baja su linterna y hace el saludo fascista, estirando su brazo con la palma de la mano, quizá la bandera le recuerde alguna insignia de la segunda guerra mundial. Me paro frente a él y descubro una cara cortada por el sol y el viento del mar, con una barba espesa, desarreglada y un ojo con un pequeño derrame. Le hago entrega de la bandera, que coge agradecido, y susurra un: me cago en el comunismo opresor de los pueblos hambrientos y manipulador de analfabetos inventores del bonzo que arde, lo repite un par de veces más, como una letanía, como una oración sabida y aprendidad hace muchos años. En el cuello veo que un tatuaje de una ballena camufla su vena hinchada por la rabia contenida, de su bolsillo saca una botella de ron. Dale un trago muchacho, dice y verás si tengo o no razón, está noche será larga y necesitarás fuerzas para tu camino somnoliento y abandonado de amigos que te vanaglorien al oído y canten como Shirley Temple en el mago de Oz.
Le doy un abrazo. Mientras me alejo veo como ilumina la bandera con su linterna. Camino hacia de espaldas, manteniendo el equilibrio, mirando fijamente el punto de luz que señala la bandera hasta perderlo de vista. Adiós. Entonces hago lo que hasta ahora no había sentido, grito, grito proyectando mi voz hacia donde creo que todavía está: ¡gracias!
Le doy un abrazo. Mientras me alejo veo como ilumina la bandera con su linterna. Camino hacia de espaldas, manteniendo el equilibrio, mirando fijamente el punto de luz que señala la bandera hasta perderlo de vista. Adiós. Entonces hago lo que hasta ahora no había sentido, grito, grito proyectando mi voz hacia donde creo que todavía está: ¡gracias!