26 may 2010

KM 31

Toser en una noche fría es expulsar vaho por la boca como una chimenea. Nadie puede imaginar lo fácil que es recorrer largas distancias cuando no dependes de nadie, ni de nada, te asomas al final del recorrido y ves más recorrido porque ese, es el final y pensar que es otro el que te espera es engañarse ingenuamente. Por eso, cuando avanzas, lo haces sin ansiedad, sabiendo que no llegas a ningún lado, sin prisa por llegar porque nunca se llega a ninguna parte como final, si no como principio de cada nuevo recorrido. Así que, piensas que esto no terminará nunca, ni el km un millón trescientos venticinco mil cuatrocientos setenta y dos. Me doy cuenta que en mi mano llevo una bandera azul con un círculo rojo en el centro, no hay viento pero se agita con el movimiento de mi cuerpo sobre el asfalto. Cada cierto tiempo la levanto como si quisiera acercarla a las estrellas y removerlas de lugar, sin embargo cuando soy consciente del trapo con palo que llevo en mi mano durante estos últimos kms, me doy cuenta de que sólo me ha producido ampollas en la palma de la mano, es hora, pienso, de abandonarla en un lugar seguro, quién sabe si volveré a pasar por aquí algún día, de pronto, a unos metros, veo un viejo marino con una linterna al borde de la carretera. Cuando me acerco sube la intensidad de la luz y me deslumbra apuntándome a la cara. Me adelanto a sus inquietudes y le digo que soy viajero caminante con bandera azul y círculo rojo en el centro. Baja su linterna y hace el saludo fascista, estirando su brazo con la palma de la mano, quizá la bandera le recuerde alguna insignia de la segunda guerra mundial. Me paro frente a él y descubro una cara cortada por el sol y el viento del mar, con una barba espesa, desarreglada y un ojo con un pequeño derrame. Le hago entrega de la bandera, que coge agradecido, y susurra un: me cago en el comunismo opresor de los pueblos hambrientos y manipulador de analfabetos inventores del bonzo que arde, lo repite un par de veces más, como una letanía, como una oración sabida y aprendidad hace muchos años. En el cuello veo que un tatuaje de una ballena camufla su vena hinchada por la rabia contenida, de su bolsillo saca una botella de ron. Dale un trago muchacho, dice y verás si tengo o no razón, está noche será larga y necesitarás fuerzas para tu camino somnoliento y abandonado de amigos que te vanaglorien al oído y canten como Shirley Temple en el mago de Oz.
Le doy un abrazo. Mientras me alejo veo como ilumina la bandera con su linterna. Camino hacia de espaldas, manteniendo el equilibrio, mirando fijamente el punto de luz que señala la bandera hasta perderlo de vista. Adiós. Entonces hago lo que hasta ahora no había sentido, grito, grito proyectando mi voz hacia donde creo que todavía está: ¡gracias!

24 may 2010

KM 26

¿Qué hace aquí, en plena noche, abandonada, una máquina de videojuegos como las de los años ochenta? ¿No es subrealista? Llego a ella y me sitúo por el lado de la pantalla, es el juego de las moscas, matar marcianos, matar. ¿Cómo puede funcionar? Sigo el cable del enchufe que acaba sobre un arbusto, colgando, con las clavijas al aire.

22 may 2010

KM 18

Hay un coche en la cuneta. Sus luces traseras lucen intermitentes y naranjas. Una pick-up con capota impermeable que cubre la parte trasera con una lona beige. Me acerco despacio aminorando mi marcha continua y monótona.
No hay nadie dentro. El cenicero está lleno de colillas y las ventanillas bajadas. Las llaves están puestas. Una foto de un perro pastor con unas ovejas merinas está colocada en el parasol del acompañante, justo al lado hay otra foto de una casa de madera semi abandonada con dos alturas y las contraventanas cerradas, con la maleza salvaje alrededor y una mujer de unos cuarenta con gorro de lana y pijama sonriente desde la puerta de entrada y en el tejado alguien disfrado de oso gigante de peluche con un globo rojo en la mano y un rifle en el otro que apoya su pie sobre un cubo de latón del cual chorrea leche y cae al suelo por uno de los laterales de la casa. Abajo el perro pastor de la foto anterior lame la leche derramada. Semi-enterrada en el suelo la portada de un disco de Dolly Parton, debe ser de los primeros por el aspecto de ella. La luz del porche de entrada está encendida y algunas polillas y mariposas vuelan alrededor de la bombilla y del cable pelado que sujeta el casquillo. Delante un gran tronco con un hacha clavada en el tapa parte de los pies descalzos de la mujer, negros de la tierra y el barro, por detrás asoma una pequeña ardilla con mirada fija y asustadiza a la cámara. En el otro lado la pick-up lejana, aparcada entre dos árboles de gran tamaño con las luces intermitentes encendidas y conmigo asomándome por la ventanilla.
Continúo mi camino. Las nubes se mueven deprisa camufladas en el cielo oscuro. Un coche me da las largas y me pasa veloz. Un gran oso de peluche lo conduce. Una mujer en pijama con gorro de lana sentada en el lugar del copiloto me lanza un beso.
Mi mano se agita diciendo adios, espero que me vean desde el espejo retrovisor, no me gusta quedar mal con nadie.

21 may 2010

KM 11

Un transformador eléctrico con la puerta llena de pintadas: Zorra. Esta se lee bien, las otras son ininteligibles. La chapa oxidada de la puerta se camufla con el suelo de tierra humeda y marrón.¿será la puerta al infierno? O aún peor, ¿la salida?. Llamo con los nudillos un par de veces y entonces imagino que alguien responde ¿quién es? Una voz de mujer de avanzada edad repite la frase ante mi mutismo. No pienso contestar solo quiero saber si puede vivir alguien ahí dentro. Pero la mujer insiste ¿quién es? Yo, termino diciendo. O mejor, nadie. ¡Nadie! La mujer hace una larga pausa y finalmente contesta a mi respuesta: muy bien, hijo. Y entonces comienza a silbar, como si estuviera pegada a la puerta, parece que es el “sexual healing” de Marvin Gaye. Pronto se suman un coro de palmas y voces negras a capella que completan la canción. No hay duda, es el infierno.
¿Está usted bien?, pregunto. ¿Necesita ayuda? Los transformadores de carretera son extraños entes arquitectónicos de los que cabe esperar cualquier cosa.

20 may 2010

KM 5

Benedicto XVI está besando el suelo a escasos metros de mi. Arrodillado viste de blanco impecable. Se da cuenta de que voy caminando hacia él. Sobresaltado se levanta y comienza a correr hacia el interior del bosque que decora la parte derecha de la carretera. Le grito. ¡Hey, sé quién es!. ¿Eres? ¿Estoy cerca de Roma? le pregunto gritando. Vamos, estoy solo, ¿no hay nadie más aquí?. Los ruidos de los arbustos agitados suenan cada vez más lejanos. Ahora ya no suenan.

19 may 2010

KM 3

Es media noche en el arcén izquierdo de esta recta sin fin. Pienso en lo que habrá al final. Camino sin darle muchas vueltas con la vista puesta en Marte luminoso. Una lata que parece de fanta de naranja está aplastada delante de mi próxima pisada. Camino pensando que no estoy cansado, me concentro, respiro por la nariz, quizá haya caminado un kilómetro quizá menos. Hay un hombre joven de unos 30 años sentado en el suelo con los pies apoyados sobre la línea contínua, su portátil está abierto y encendido, sentado en el suelo intenta una y otra vez abrir un archivo corrupto, cuando me acerco me mira y sonríe, sus gafas redondas como las de Lennon tienen una de las lentes, la izquierda, rota, no sé qué hace allí, él piensa lo mismo al verme de pie iluminado por la pantalla de lcd de la computadora, hace frío y me quedo un rato observando como teclea sin pausas, de pronto balbucea algo así como: punto bin. No entiendo lo que dice, no sé lo que dice, debe de ser importante porque vuelve a repetir eso de punto bin. Le falta un diente, de arriba, es uno de los caninos, y juraría que es un actor conocido, puede ser Edward Norton, sí, siempre fue un tipo raro. Decido ofrecerle un puro, saco mi estuche de la bolsa y le ofrezco un Cohiba, lo coge, desesperado, como un hambriento con un croasant, muerde y escupe la parte trasera del cigarro habano, le doy fuego. ¿Crees que soy Edward Norton, verdad? me dice mientras enciendo su puro y aspira para darle incandescencia ¿hacia dónde vas? le pregunto, creo que pronto te quedarás sin batería en el portátil y entonces ¿qué harás? Aspira el humo del puro, saboreando el aroma, lo suelta sobre Marte, impregna el asfalto de tabaco, y contesta a mi última pregunta: morir.

Comienzo a caminar y dejo atrás a Edward Norton fumando. Hace frío. O lo tengo yo. Las señales de tráfico son más grandes de lo que parecen desde el coche. Acabo de cruzarme con una de prohibido adelantar. Es impresionante. Redonda y roja. Un avispero seco cuelga detrás. De esa parte que no se ve. Que nunca se ve. Las celdas de las avispas son perfectas, milimétricas, clónicas, ¿quién les enseñó a hacerlas? ordenadas, perfectas. Pero, ¿para qué tanto trabajo? los pájaros, por ejemplo, van colocando en sus nidos lo que van encontrando por ahí, simplemente. Alguien podría pensar que ellas fueron las primeras en habitar Egipto y construir pirámides. Nefertiti fue avispa. La reina de las avispas.
Acelero el paso. Lo siento así. No hay un porqué.
Parece que no hay grillos esta noche. Es mejor, es imposible concentrarse con los grillos.

18 may 2010

KM 2

Una mujer de aspecto nórdico desnuda su cuerpo en una curva. Cuando llego a su altura sólo tiene puestas unas enormes gafas de sol con una patilla pegada con cinta adhesiva. Su melena rubia no se mueve con el viento. Está pegada a ella. A su cara. A su nuca.

-Estaba esperándote, dice y sonríe.
-¿Dónde está tu sexo? No lo veo, le digo
-No puedes verlo.

Así que, me arrodillo, frente a ella. Alta, en pie. Con mi frente pegada a su pubis. ¿dónde está tu sexo? De pronto, su melena rubia se torna gris y sus ojos se inundan de lágrimas. Llora. Llora aún más. Aún más. Hay algo que me tiene que contar sobre nosotros, somos, hemos sido en algún momento enemigos en una cama desconocida o quizá, simplemente, ella fuera una cajera de uno de esos supermercados donde eliges la fila por intuición y quizá nunca la escogí. ¿Rencor?

17 may 2010

KM 1

Veo una estrella fugaz sobre la carretera en la noche, en el arcén. De frente un camión me deslumbra y hace sonar su claxon. Puedo observar el color desgastado de mis clásicas pelotas Camper rojas y el cordón de la zapatilla izquierda desabrochado. Soy más alto después de esta situación. Quizá 10 cm si no más. Las urracas cambian de rama.
Bienvenido a. El cartel de la ciudad está invitándome a no entrar y continúo en dirección contraria a mi último destino. Avanzo hasta el último cruce que dejé atrás y allí está el mismo ramo de flores seco, atado con cuerda de plástico sucia por el polvo del paisaje. Silbo "you can´t always get what you want". ¿Alguien sabe qué hacer en noche cerrada para no tropezar?