Un transformador eléctrico con la puerta llena de pintadas: Zorra. Esta se lee bien, las otras son ininteligibles. La chapa oxidada de la puerta se camufla con el suelo de tierra humeda y marrón.¿será la puerta al infierno? O aún peor, ¿la salida?. Llamo con los nudillos un par de veces y entonces imagino que alguien responde ¿quién es? Una voz de mujer de avanzada edad repite la frase ante mi mutismo. No pienso contestar solo quiero saber si puede vivir alguien ahí dentro. Pero la mujer insiste ¿quién es? Yo, termino diciendo. O mejor, nadie. ¡Nadie! La mujer hace una larga pausa y finalmente contesta a mi respuesta: muy bien, hijo. Y entonces comienza a silbar, como si estuviera pegada a la puerta, parece que es el “sexual healing” de Marvin Gaye. Pronto se suman un coro de palmas y voces negras a capella que completan la canción. No hay duda, es el infierno.
¿Está usted bien?, pregunto. ¿Necesita ayuda? Los transformadores de carretera son extraños entes arquitectónicos de los que cabe esperar cualquier cosa.
¿Está usted bien?, pregunto. ¿Necesita ayuda? Los transformadores de carretera son extraños entes arquitectónicos de los que cabe esperar cualquier cosa.
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