Ahora voy rápido con ganas de llegar, de terminar, pronto se me pasará. A veces ocurre en estás situaciones de soledad interminable. Unas ganas locas de acabar con este tipo de situaciones que se apoderán de tu cabeza y el cerebro te dice basta, es duro aguantar, entonces me agacho y protejo mi cabeza entre mis brazos y mis piernas. Nadie me puede ayudar. Ya pasó. Pasará. Es siempre lo mismo. Cuento despacio y me pregunto dónde voy a estar mejor qué en ningún lado. Hoy debe ser el cumpleaños de alguien que conozco, si, de mi hija. Es verdad, de mi pequeña hija, tenía tres años cuando comencé a caminar. Hoy cumplirá cuatro o quizá cien. La luna se camufla tras unas nubes pasajeras que la vuelven a dejar desnuda en cuestión de segundos.
10 jun 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario